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Nadie sabe cuándo ni cómo se originó, lo que si se sabe es que mucho antes de que los españoles llegarán a territorio p’urheépecha los nativos llevaban mucho tiempo preparando este «guiso nutritivo y picante que sustenta la vida», mejor conocido como atápakua o atápacua.

Se trata de una salsa espesa, fuertemente aromatizada, similar a un mole, típica de la gastronomía michoacana, en la que se guisan carnes y verduras.

Para preparar el atápakua es necesario asar tomates verdes, cebolla, ajo y chile serrano, para después martajarlo todo en un molcajete con cilantro, y, si se desea que esté bien espeso, se puede agregar masa.



Para cocinarla, se debe cocer todo en una cazuela de barro y poner a hervir con granos de elote, y agregar ramitas de hierbabuena.

Aunque el consumo del atápakua se vincula principalmente con los funerales, actualmente se ha vuelto cada vez más popular, por lo que se incluye en diferentes menús, por ejemplo, es uno de los favoritos de la Maestra Cocinera Tradicional michoacana Juana Bravo, originaria de Angahuan, quien formó parte del contingente mexicano que en 2010 viajó a Kenia, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés) concedió el nombramiento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a la Cocina Mexicana.




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