Entre antiguas haciendas, vestigios mineros y escenarios llenos de misterio, el Pueblo Mágico de Mineral de Pozos, en Guanajuato, se ha convertido en uno de los destinos más sorprendentes pues caminar por sus calles es como viajar a otra época.
Pero sin duda, uno de los atractivos más singulares del pueblo son los chacuacos, como se le conoce a los Hornos Jesuitas de Santa Brígida, ubicados en la Ex Hacienda del mismo nombre.
Estas enormes estructuras piramidales comenzaron a construirse desde finales del siglo 16 por la Compañía de Jesús y fueron fundamentales para el procesamiento de minerales, especialmente plata, durante más de dos siglos.


Hoy en día, sus siluetas se han convertido en uno de los grandes íconos visuales, no sólo del pueblo, sino del estado de Guanajuato pues reúnen la historia minera del estado con la naturaleza que distingue al semidesierto del Bajío.
Además, en su base se localizan los llamados Arcos Mágicos del Sol y la Luna, que se han convertido en uno de los rincones favoritos para hacerse fotografías.
Durante su época de mayor esplendor, Mineral de Pozos llegó a ser uno de los centros mineros más importantes del país con más de 50 compañías mineras operaban en la región y cerca de 360 minas permanecían activas y la Hacienda de Santa Brígida fue una de las más importantes de la zona.



Por este lugar incluso transitaba el tren que transportaba minerales hacia la Ciudad de México, impulsando el crecimiento económico de toda la región, y ese pasado sigue presente entre túneles, ruinas y construcciones monumentales de la Hacienda que además de los chacuacos, cuenta con otros espacios místicos, que valen la pena la visita.



