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Dicen que para conocer una ciudad es necesario visitar su mercado, y el Mercado González Ortega es claro ejemplo de lo que un mercado puede decir de una ciudad, en este caso, de Zacatecas.

El inmueble, no sólo es un ejemplo vivo de los monumentos de piedra rosa que hacen de la ciudad, nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, algo único, sino que además es un lugar de encuentro social y centro de exposiciones que además, permite echar un vistazo al Zacatecas de principios de siglo 19.

La construcción de este mercado, comenzó en 1861 durante el gobierno interino del general Miguel Auza y utilizó el espacio para celebrar una feria en conmemoración de la victoria liberal durante la Guerra de la Reforma.

Poco después, esa feria se convirtió en un edificio destinado a mejorar la seguridad comercial y, sin duda, a despejar algunas de las calles siempre abarrotadas de vendedores ambulantes.

Ese mercado inicial duró hasta 1886, cuando el gobernador siguiente, Marcelino Morfín Chávez, ordenó su reconstrucción con un diseño extravagante con varias plantas para la compraventa, el cual duró hasta 1901, cuando un incendio lo consumió por completo.



Para 1902, el inmueble se recontruyó tal y como se conserva en la actualidad y llamado, sencillamente, Mercado Central, adquiriendo hasta 1921 el nombre por el del general Jesús González Ortega, quien fuera aliado de Benito Juárez durante el periodo de la Reforma, a mediados del siglo 19.

Hoy en día, al mercado se le conoce con el sobrenombre de El Laberinto y en su interior alberga principalmente cafeterías, pequeños restaurantes, tiendas de plata y tiendas de artículos de cuero similares e incluso, un negocio de tatuajes y algunas tiendas de objetos más modernos como celulares.

Aún así, representa un buen lugar para pasear y disfrutar de la arquitectura tradicional de la ciudad de Zacatecas.




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